MENOS TURRÓN Y MÁS MAQUILLAJE

15/11/2009

Las españolas se pintan hoy más que nunca. Ocurrió en los locos años 30, tras la Gran Depresión mundial. Al mal tiempo, buena cara. Si el presente pinta negro y el mañana, gris, un poco de color seguro que ayuda a levantar el ánimo frente al espejo. Y se nota. Las ventas de maquillaje en España se han disparado un 26,5% en 2009 (Estudio de mercado de AC Nielsen). Sombras de ojos, esmaltes de uñas, pintalabios y, sobre todo, pócimas para cubrir granos y arrugas, imperfecciones que, dicen, afloran más en las épocas de crisis.


«Las mujeres compran más, pero más barato», apunta Óscar Mateo, analista de la Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética (Stanpa). En otras palabras, renuncian a las marcas de postín aunque no a seguir cuidándose la cara, el cabello o la piel de sus manos. (Un 85% de las españolas mantiene sus costumbres de cuidado de la piel, según el Estudio Pond's, de mayo de 2009).


A Marisol, una maestra madrileña de 46 años, madre de dos hijos y con el marido parado, los malos tiempos la han obligado a prescindir de ciertos lujos. «Ahora compro mucho en las parafarmacias. De paso que voy al supermercado, me traigo las cremas y el maquillaje. Ya no voy de Chanel pero me apaño bien...». En lo que va de año, el cambio de hábitos de los consumidores se ha dejado notar en las estanterías de las grandes superficies. Han vendido un 9,9% más de pintalabios que el año pasado, un 10,6% más de sombras y rímel para los ojos, un 13,5% más de maquillaje y un 18,6% más de esmaltes de uñas. Y no siempre bajo una firma conocida. Las marcas blancas están arrasando. «Cuestan una tercera parte que las otras y eso se nota luego en la calidad», dice Mateo.
«Lo bueno es que a la gente, pese a la crisis, le sigue preocupando su aspecto. No se descuida, al contrario, quiere sentirse bien con su imagen». Un 20,2% de los consumidores prefiere comprar en hipermercados, renunciando así a un envase glamouroso y a ver su producto favorito anunciado en televisión.


Es tal el interés por este tipo de productos -un 50% más baratos que los de las firmas más populares, y a una distancia inalcanzable de las marcas de lujo- que hasta Vogue, una de las revistas de moda más elitistas del mundo, cuenta en internet con un foro (http://foros.vogue.es; apartado «Trucos de belleza») donde los consumidores discuten sobre precios y calidades de los cosméticos de marca blanca. Una alternativa cuyo tirón principal es el precio. Dos ejemplos: 3,6 euros una sombra de ojos, o 5,5 euros una máscara de pestañas. Precios más asequibles en tiempos de vacas flacas. Al fin y al cabo, los maquillajes de hoy tampoco salen de minerales preciosos como en la Antigüedad.


No hace mucho que se descubrieron restos de esos productos cosméticos en las tumbas de los faraones, y curiosamente tienen un gran parecido con los que se usan en la actualidad. Utilizaban el antimonio rojo para colorear los labios, mediante la pulverización de piedras, y de los minerales sacaban los tonos turquesa que luego aplicaban en los párpados.
A pesar de la profunda crisis económica, España es hoy el cuarto país del continente europeo en consumo per capita de maquillaje y cosmética [sólo superado por Suiza, Noruega y Dinamarca]. Un negocio que da trabajo a 41.000 personas y cuyas ventas alcanzaron los 7.782 millones de euros en 2008, según Stanpa, asociación que reúne al 90% de las empresas del sector. Entre los productos que siguen cosechando más adeptos, las cremas faciales: sus ventas crecieron un 7,1%, tasa que traducida a euros supera los 552 millones. Es el paso del tiempo. Y borrar las huellas de los años se paga.


COMEREMOS DOS MILLONES DE KILOS MENOS DE TURRÓN


Ni duro ni blando. Comeremos dos millones de kilos menos de turrón esta Navidad. Los bolsillos ya no dan para más. Previsión: las ventas podrían caer hasta un 30%, alertan desde el Consejo Regulador de Jijona y Turrón de Alicante. A su presidente, José Enrique Garrigós, las cifras se le atragantan más que un polvorón. «Han cerrado 1.200.000 empresas en todo el país, la mitad de las que hacían pedidos de lotes navideños. ¿Qué le parece?». Sin palabras. Ni las exportaciones se salvan: caerán un 10%. Habrá que esperar, augura el empresario turronero alicantino, al último trimestre de 2010 para «volver a la normalidad». Mientras, en muchos hogares no podrán decir aquello de que el turrón vuelve por Navidad. ¿Animaría el consumo una campaña publicitaria especial? «Es posible, pero tal y cómo están las cosas...». Para hincarle el diente a la crisis los artesanos aumentarán la oferta de turrón en raciones individuales -«nos dio buenos resultados el año pasado»-, herméticamente cerrados para que no se estropeen. Dicen que así las familias podrán controlar un poco más el gasto.


Cada español gasta un promedio de 44 euros en turrones. Sólo en Asturias, Baleares, Castilla y León, Galicia, Madrid y Navarra superan este gasto, con 60 euros per cápita.
Más de 8.000 personas en toda España elaboran un postre que ya existía en la villa de Sexona (actual Jijona) en el siglo XVI. Toda una región de almendros y colmenas, ingredientes indispensables que los jijonencos han sabido aprovechar para elaborar el preciado dulce navideño. Otros afirman que fue un tal Pablo Turró, artesano de Barcelona, quien en el siglo XVIII mezclando miel y frutos secos daría forma y sabor a lo que hoy conocemos como turrón (tradicionalmente se conocen dos tipos, el blando, de Jijona, y el duro, o de Alicante).


A lo largo del tiempo se han ido elaborando derivados del turrón, con sabores diversos, con avellanas, piñones o cacahuetes. Las variedades más conocidas e igualmente tradicionales, son los turrones de yema, fruta, coco, chocolate con almendras... y un sin fin de pralinés. Excepcionalmente se elaboran cada año y de manera limitada unos turrones típicos y exclusivos de la zona: a la piedra (con almendra, azúcar, corteza de limón y canela) y el llamado terronico, similar al turrón de guirlache, al que se le añade ajonjolí en la superficie. Se distingue porque la almendra que contiene está sin pelar. Se destinan al consumo de la zona o para entregar como obsequios. El turrón blando y el de chocolate son las variedades más demandadas por los españoles, con un 86,91% y un 82,73%, respectivamente.


El miedo es tal que, para aguantar los efectos de la crisis, los empresarios del sector prevén que los precios del turrón se reducirán entre un 5 y un 8%. En la mente de todos están las marcas blancas. El 70% de los hipermercados de España han decidido ya vender la propia bajo el paraguas generalista de turrón blando y duro. Un producto, según la Unión de Consumidores de España, que puede llegar a ser un 249% más barato que el turrón de firmas tradicionales.


Aunque dice no tener cifras, José Enrique Garrigós, el timonel de los turroneros de Jijona y Alicante, admite que, de seguir avanzando la crisis, muchas de las manos que hoy amasan el dulce «irían al paro». «O le echamos imaginación y nos renovamos, o tampoco nosotros llegaremos a comer turrón por Navidad». El primer paso ya lo ha dado. Garrigós se ha unido a Martín Berasategui para que el prestigioso chef vasco vuelque su saber culinario a la cuidada producción artesanal del maestro turronero.

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